jueves, 18 de febrero de 2010

El sistema político mexicano a la luz de la teoría del rombo


En palabras del Dr. Miguel Covián Andrade, autor de la teoría del rumbo, ésta es un modelo que establece bases teóricas y elementos estructurales que permiten diseñar sistemas democráticos. Uno de los puntos interesantes y torales de la teoría, es que puede aplicarse a cualquier sistema político en el mundo, sin importar su forma de Estado, su forma de gobierno, su sistema de elecciones o su régimen político. Desde Estados políticamente avanzados como los europeos y el estadounidense, hasta algunos incipientes y en dizque vías de desarrollo como México y América Latina.

El modelo presenta varios elementos, iniciando con las bases del sistema que son los procesos políticos: origen, ejercicio y fines, sus límites y controles. Para que el modelo funcione, estos procesos deben ser legales y legítimos. Para ello, el control de la legalidad se asegura a través del control constitucional y el control de legitimidad mediante la participación ciudadana.

¿Pero qué sucede en México? ¿Cuántos de estos elementos realmente son legales y legítimos? ¿Tenemos asegurado el control de la legalidad y de la legitimidad del origen, ejercicio y fines del poder? La respuesta, sin pensarlo demasiado, es que definitivamente no.

En cuanto al origen del poder, podríamos decir que éste siempre es legal. Los candidatos obtienen legalmente su constancia de mayoría, o bien, los que son designados, obtienen legalmente un nombramiento. Sin embargo, en cuanto a la legitimidad, ¿cuántos fraudes electorales han ocurrido en México en la época moderna? ¿Cuánto se ha gastado en compra de votos? Sin ir más lejos, en los últimos 20 años hubo a nivel presidencial dos episodios vergonzosos para la historia de México. El primero de ellos con la famosa caída del sistema, y el segundo con una sentencia en la que se reconocía la intervención presidencial. Y si eso sucede a nivel federal, ¿qué podemos esperar en una entidad federativa, en un municipio o en una localidad?

En cuanto al ejercicio y fines del poder, que están íntimamente relacionados, ¿podemos hablar realmente de un control de la legalidad de los actos de nuestros funcionarios públicos? Si se promueve una controversia constitucional en contra del Ejecutivo federal, ¿podemos asegurar que la Corte resolverá conforme a derecho? Como bien dice Covián, los Ministros de la Corte le debe el nombramiento a la propuesta que hace el Ejecutivo federal ante el Senado de la república y en ese sentido, puede estar cuestionada la legitimidad del ejercicio de sus actos y de sus fines.

Por otra parte, aun cuando los actos del Presidente no sean legales ni legítimos, éste no tiene responsabilidad política ni tenemos figuras como la revocación de mandato o la reelección, en la que la ciudadanía pudiera inconformarse o ejercer un castigo directamente. Lo mismo sucede con los demás servidores públicos elegidos mediante el voto.

Finalmente, considerando que el autor señala que debe haber condiciones para que funcione el sistema como la gobernabilidad, la estabilidad política, determinados niveles de desarrollo económico y social y la independencia frente a centros de poder político y económico internos y externos, se puede concluir que en México, ni por asomo, tenemos un sistema político democrático.

viernes, 12 de febrero de 2010

Formas de Estado y formas de gobierno

A través del derecho comparado, es posible conocer los distintos ordenamientos jurídicos existentes y determinar, entonces, sus diferencias y semejanzas. Ello resulta de vital importancia, porque podemos aprender de la experiencia de otros países e implementar cambios, reformas y sistemas que hayan realizado con éxito.

El presente artículo, tiene como objetivo el análisis comparativo de 5 países (México, Alemania, Chile, Estados Unidos y España), respecto a sus formas de gobierno y formas de Estado.

Formas de Estado

Las formas de Estado hacen referencia a los diversos modelos que los mismos pueden adoptar con base en la relación de su territorio. Existen tres formas de Estado: federal, unitario, y regional o autónomo.

México, Estados Unidos y Alemania poseen un sistema de Estado Federal, el cual se integra por entidades que cedieron su soberanía exterior, través de un pacto y conforman una nueva vía mediante la federalización, a través de una Constitución.

En oposición al Estado Federal, en Chile existe un Estado unitario, en donde no existen niveles de gobierno. El Congreso Nacional realiza las modificaciones constitucionales y las leyes generales, las cuales se aplican de manera total en su territorio y el Presidente de la República designa directamente a los gobernantes de las 15 regiones. El Poder Judicial también es uno solo y aplica las leyes en todo el país.

El Estado Regional ha sido motivo de mucho debate. Algunos autores señalan que en sí es un Estado Federal. Otros lo ubican entre un Estado Federal y un Unitario. Sin embargo, la diferencia más sustancial puede ubicarse en el origen. El Estado Federal es creado por las Entidades a través de un pacto donde ceden parte de sus atribuciones, y en el Regional es el propio Estado quien cede atribuciones a las regiones.

La forma de Estado Federal que tenemos en México, la considero idónea. Un Estado central, llevaría a una forma de autoritarismo o totalitarismo brutal, si la decisión de imponer a cada región al gobernante fuera parte de las atribuciones del presidente, y, sobre todo, considerando los antecedentes de nuestra historia.

Formas de Gobierno

Para Enrique Sánchez Bringas, las formas de gobierno “enfocan la específica manera en que se organiza el poder público de un Estado”, es decir, por la forma en que son aplicadas las normas y las relaciones directas de los gobernantes con los individuos.

Según la clasificación moderna de las formas de gobierno, éstas pueden ser monarquía y república. En las repúblicas se eligen periódicamente a los gobernantes. En las repúblicas con regímenes presidenciales, como es el caso de México, Chile y Estados Unidos, la titularidad del Poder Ejecutivo recae en una sola persona, como Jefe de Gobierno y como Jefe de Estado, teniendo a su cargo la delicada tarea de dirigir los asuntos del país, así como la representación del mismo.

España y Alemania son países con regímenes parlamentarios, en donde el Parlamento participa en la dirección de los asuntos del Estado y el Ejecutivo está dividido en dos. En el caso de Alemania, la forma de gobierno es republicana, en la cual el Presidente es el Jefe de Estado, designado por la Asamblea General, y limitado en su ejercicio para funciones representativas; y el Jefe de Gobierno que recibe el nombre de Canciller, es designado y mantenido por el Parlamento.

Por otra parte, en España hay una monarquía como forma de gobierno. El Rey funge como Jefe de Estado, el cual tiene, entre otras atribuciones: sancionar y promulgar leyes, nombrar y separar a los miembros del gabinete, representar a su país, así como tener el mando de las fuerzas armadas. La corona española es hereditaria y vitalicia. El Presidente, como Jefe de Gobierno, es designado por el Rey a propuesta del Congreso.

En México, respecto a nuestra forma de gobierno, considero que tenemos la idónea al estar constituidos como una república y poder elegir periódicamente a nuestros gobernantes. Una monarquía no funcionaría en nuestro país, simplemente porque no existe una tradición de reyes y emperadores. Ya tuvimos dos experiencias con Agustín de Iturbide y con Maximiliano de Habsburgo que por una u otra razón, fracasaron.

En cuanto al régimen, me parece que un sistema semiparlamentario podría funcionar de mejor forma, al crear una dualidad en el Ejecutivo. Un contrapeso así, repartiendo las atribuciones para no dejar en manos de una sola persona el control del país, podría ayudar –que no garantizar- un mejor desarrollo económico, político y social.

Lo cierto es que cualquier reforma que se haga en México, no contribuiría completamente a que exista un verdadero Estado de Derecho. Siempre he pensado y sigo pensando, que el grave problema de nuestro país, no es de leyes ni de reformas, sino de instituciones poco sólidas y de personas. Es verdad, se ha avanzado, pero aún queda muchísimo por hacer. Somos un país con una democracia y un Estado de Derecho, apenas en vías de desarrollo.